El asteroide que impactó en la Península de Yucatán hace 66 millones de años desencadenó una catástrofe que transformó radicalmente la vida en la Tierra. Un nuevo estudio revela que este asteroide no solo era enorme, sino también de un tipo extremadamente raro: una condrita carbonácea del grupo Carbonaceous Ornans (CO). Estos meteoritos constituyen solo una mínima fracción de todas las condritas carbonáceas que caen sobre la Tierra y tienen alta probabilidad de originarse en las regiones externas del Sistema Solar.

Los investigadores analizaron los isótopos de níquel en muestras de roca del límite K-Pg extraídas de Dinamarca, España e Italia. Estos isótopos confirmaron que el asteroide pertenecía al grupo CO y descartaron otras posibles clasificaciones. Se descubrió que los meteoritos CO son pobres en carbono, agua y, especialmente, en elementos volátiles como el azufre. Esto sugiere que el azufre liberado no fue el factor principal detrás de la catástrofe.

En lugar del efecto del azufre local, la principal causa del colapso de los ecosistemas fue la nube de polvo fino generada por el impacto, que bloqueó la luz solar y provocó un enfriamiento climático repentino. Este hallazgo indica que la extinción de los dinosaurios no fue solo el resultado de un gran impacto, sino también de un evento extremadamente raro.