La inteligencia artificial se ha convertido en parte de la vida cotidiana, pero su acceso y desarrollo se distribuyen de manera desigual a nivel global. Los centros de datos y servicios en la nube concentrados en países desarrollados están aumentando la dependencia de otros países de los sistemas de IA. Por ejemplo, Estados Unidos cuenta con más de 5.000 centros de datos, diez veces más que el total de otros países.

Las habilidades de IA y la alfabetización digital también están estratificadas en capas profundas. En los países de la OCDE, solo alrededor del 40% de los adultos poseen habilidades básicas de resolución de problemas digitales. Las oportunidades de formación en IA son utilizadas en mayor medida por personas con altos niveles de educación. Esta desigualdad también afecta la capacidad de participar en el diseño y gestión de los sistemas de IA.

Los países en desarrollo están implementando diversas estrategias para no permanecer pasivos en el proceso de desarrollo de la IA, aunque el éxito de estos esfuerzos sigue siendo incierto. Países como Sudáfrica e Indonesia están desarrollando proyectos de IA centrados en las necesidades locales. Sin embargo, para que estos proyectos sean efectivos en el ecosistema global de IA, se requieren más inversiones e colaboración internacional.