Investigadores de ADN antiguo de la Universidad de California en Santa Cruz han descifrado el genoma del bisonte de América del Norte utilizando métodos paleogenómicos, creando un mapa genético que orientará los esfuerzos de conservación de esta especie. La investigación revela que los bisontes fueron millones durante millones de años, pero a principios del siglo XX estuvieron al borde de la extinción debido a las actividades humanas. Aunque actualmente hay cientos de miles de bisontes, que son considerados un ejemplo de éxito en conservación, el hecho de que se mantengan en pequeños rebaños aislados y a veces se crucen con vacas ha alterado su pasado evolutivo.

Los investigadores secuenciaron el genoma de 160 nuevos bisontes, creando el conjunto de datos genómicos más grande de bisontes, que abarca 20.000 años. Este conjunto de datos muestra que las dos subespecies principales de bisontes, los bisontes de bosque y los de praderas, desarrollaron diferentes características físicas para adaptarse a sus hábitats en distintas regiones. Los bisontes de bosque tienen una barriga más alta, una joroba menos pronunciada y una barba pequeña y puntiaguda, y son de mayor tamaño, mientras que los bisontes de praderas se adaptaron a vivir en áreas más abiertas.