El equipo del MIT dirigió el crecimiento de vasos sanguíneos sobre un chip que contenía células endoteliales en un gel de colágeno, utilizando fuerzas magnéticas. Un pequeño chip magnético fue movido en tres dimensiones mediante campos magnéticos controlados externamente, permitiendo ajustar la longitud, el número y la dirección de los capilares. Este método ofrece un control más preciso que los enfoques anteriores basados en señales químicas.

Los investigadores observaron que cuando se desactivó el gen PIEZO1, la formación de vasos disminuyó. Este gen controla los canales iónicos que permiten a las células responder a la presión mecánica. Los resultados demuestran que las fuerzas mecánicas desempeñan un papel fundamental en el desarrollo vascular.

Actualmente, la tecnología se encuentra en fase de prototipo, pero se planea aplicarla para mejorar el flujo sanguíneo en órganos artificiales como tejidos musculares. El objetivo del equipo es hacer de este método una solución escalable y reproducible para la fabricación de órganos.