El cohete V-2, como el primer gran cohete de combustible líquido, resolvió los problemas fundamentales de la cohetería moderna con la tecnología de turbobomba, allanando el camino para la era espacial. El cohete R-7, que lanzó el Sputnik 1 en 1957 y sentó las bases para los cohetes Soyuz, tenía un diseño único con cinco módulos que trabajaban juntos.
El cohete Atlas revolucionó la estructura de los cohetes al apoyar los depósitos de combustible con presión interna, un diseño que luego se adoptó en cohetes posteriores. La etapa superior Centaur hizo posibles las misiones de espacio profundo con su tecnología de hidrógeno líquido y se utilizó en misiones como Cassini.
El cohete Saturn V, utilizado en el programa Apollo para llevar humanos a la Luna, demostró que los cohetes de gran escala podían ser prácticos. El Space Shuttle mostró que los cohetes podían ser reutilizables, una idea que ahora ocupa un lugar central en los diseños modernos de cohetes.
