En los años 70, la empresa Broward Artificial Reef Inc. planeó crear un arrecife artificial al fondo marino de la costa de Florida lanzando aproximadamente 2 millones de neumáricos. Sin embargo, debido a la acción del agua de mar y a las tormentas violentas, los neumáricos se descomponieron y se fragmentaron, formando conjuntos de piezas metálicas grises, cables de nilón y bloques de hormigón (erojacks) que se dispersaron por el entorno marino.

Este proceso provocó daños en arrecifes naturales cercanos y provocó que algunos neumáricos llegaran hasta las costas de Florida. En lugar de lograr su objetivo de crear un nuevo hábitat para la vida marina, el proyecto se convirtió en un gran problema ambiental. Desde 2001 se han iniciado operaciones de limpieza que han recuperado solo 1.600 neumáricos, con resultados limitados. Desde 2015, un programa iniciado por Florida continúa en curso, y las estimaciones indican que se extraerán un total de 580.000 neumáricos hasta 2026 y 945.000 hasta 2033.

Sin embargo, cuando los neumáricos afectan arrecifes naturales, las operaciones de eliminación se vuelven imposibles y costosas, lo que convierte la intervención en una acción altamente económica y arriesgada. Como iniciativa inicialmente económica y sencilla, el proyecto se ha transformado en un proyecto de limpieza ambiental que continúa más de 50 años y con fuerte apoyo público.