En el Mediterráneo antiguo, el pan era la fuente más importante de alimentación. En el libro de Galeno (129–216 d.C.) sobre alimentos, se destaca que el trigo era el alimento más valioso y que la forma más nutritiva del pan era el pan blanco. Sin embargo, la forma en que se preparaba el pan también era importante; el mejor pan era aquel que estaba bien fermentado, amasado y horneado a temperatura media.
El pan era la base de la alimentación, pero también había otros alimentos disponibles. Galeno menciona verduras como pepinos, calabazas, cebollas, melones, higos, uvas, manzanas, peras y granadas. Sin embargo, estos alimentos se usaban principalmente como medicinas y su valor nutritivo era limitado. El pescado también era una fuente de alimento accesible, dependiendo de la región y la riqueza.
La alimentación en el Mediterráneo antiguo variaba según la región, la temporada y la riqueza. El pan y los productos de grano eran la base de la alimentación, pero también había otros alimentos disponibles. La dieta mediterránea actual es una reconstrucción selectiva de los hábitos alimenticios de la antigüedad.
