Algunos bancos en Europa integraron en sus sitios web rastreadores de cookies que pueden utilizarse para monitorear la interacción de los clientes. Estos rastreadores transmiten los hábitos de navegación de los usuarios a redes publicitarias, poniendo en peligro la privacidad de los datos personales.
Las autoridades de protección de datos cuestionan la conformidad de esta práctica con el GDPR. Se descubrió que los bancos activaron estos rastreadores sin el consentimiento necesario o sin que los usuarios fueran conscientes de su presencia.
Estas filtraciones permiten que datos financieros lleguen a plataformas publicitarias de terceros, creando una debilidad crítica en términos de seguridad cibernética.
