Lanzado en 2011, Battlefield 3 de EA ofreció una campaña militar a gran escala para competir con Call of Duty. La misión que lleva a los jugadores a las calles de Teherán fue percibida por las autoridades iraníes como una representación de soldados estadounidenses luchando en sus calles, lo que generó una fuerte reacción.
El gobierno iraní prohibió la venta del juego y alertó a los comercios de que no era legal; algunos establecimientos retiraron sus copias con anticipación.
La prohibición, que no contó con un distribuidor oficial en Irán, dirigió el juego a mercados piratas y extranjeros. Más de 5.000 personas apoyaron una llamada en línea que afirmaba que el juego alimentaba la imagen negativa de Irán; los jugadores reconocieron que era un producto de entretenimiento, pero criticaron su efecto negativo en las tensas relaciones entre EE. UU. e Irán durante ese período.
Para un jugador iraní, Teherán es un escenario de edificios destruidos y soldados; para los millones que viven allí, existía el riesgo de que sus hogares se convirtieran en el escenario de la guerra. Este episodio provocó una controversia que cuestiona cómo los escenarios vistos en videos se perciben en ciudades reales. Dieciséis años después, la prohibición sigue activa, poniendo de relieve las sensibilidades sobre el uso de ciudades reales como escenarios de juegos.