Un nuevo estudio internacional sostiene que los animales muertos constituyen puntos centrales de alimentación e interacciones biológicas en los ecosistemas, y que estas nuevas perspectivas ayudarán a reinterpretar las ideas básicas de la ecología. Los investigadores afirman que considerar los campos de minas como una fuente secundaria consumida solo por algunas especies, como los zorros y los chacales, es incorrecto, y que en realidad influyen de manera significativa en la estructura y función de los ecosistemas.
Los animales muertos, al servir como fuentes de alimento, materiales de anidación y puntos de comunicación, también juegan un papel importante en áreas como las redes tróficas y los indicadores de contaminación. Por ejemplo, los procesos de descomposición de los campos de minas se utilizan en la ciencia forense para estimar el tiempo transcurrido desde la muerte y ayudan a comprender el papel de los limpiadores en la propagación de enfermedades.
El estudio subraya que los campos de minas también constituyen una fuente crítica para la evolución humana. Se propone que los humanos descubrieron que alimentarse de los campos de minas era una estrategia eficaz, independiente de la caza y de los recursos vegetales, y que este comportamiento contribuyó a la adaptación de los humanos como cazadores de campos de minas eficientes desde el punto de vista anatómico, físico y tecnológico.
