En la isla sur de Japón, Kyushu, se produjo un terremoto de magnitud 7.1 en la región de Kumamoto el martes por la tarde. La Agencia Meteorológica de Japón emitió una alerta de tsunami para la bahía de Ariake tras el terremoto.

La alerta prevé olas de hasta 1 metro en la costa y la primera ministra Sanae Takaichi instó a los ciudadanos a mantenerse alejados de la costa. El gobierno creó una fuerza de tarea para recopilar información, evaluar los daños y realizar operaciones de rescate si es necesario. La Comisión de Regulación Nuclear no detectó ninguna anomalía en las tres centrales nucleares de la región.

En 2016, un terremoto de magnitud 6.5 en la misma zona causó más de 50 muertes; esta experiencia desencadenó la rápida intervención de las autoridades. Mientras los funcionarios continúan monitoreando los posibles efectos de los terremotos de réplica, se planean medidas adicionales para garantizar la seguridad del público.