A mediados de 2026, el número de casos de sarampión registrados en EE.UU. alcanzó las 2.295 personas. Esta cifra es la más alta desde 1991. El sarampión se transmite fácilmente por virus que se dispersan en el aire al toser, estornudar o hablar, y su contagiosidad es mucho mayor que la de la gripe o el SARS-CoV-2. La enfermedad comienza con fiebre, tos y erupción roja; en casos graves, puede provocar infecciones pulmonares, encefalitis y muerte.

Los científicos destacan que este brote está directamente relacionado con la disminución de las tasas de vacunación. El sarampión, eliminado en EE.UU. en 2000, ha vuelto a propagarse en los últimos años debido a preocupaciones contra las vacunas, exenciones basadas en creencias personales y la disminución de la confianza en las instituciones médicas. En particular, ha aumentado la tasa de casos entre adultos y niños mayores de edad escolar.

El sarampión puede hacer que el sistema inmunológico olvide las defensas contra otras enfermedades —un fenómeno conocido como «olvido inmunológico». La vacuna elimina completamente este riesgo, y con dos dosis ofrece una protección muy alta. Los científicos señalan que las preocupaciones contra las vacunas no se deben solo a la falta de información, sino a la falta de confianza, y enfatizan la necesidad de que voces confiables dentro de las comunidades establezcan una comunicación efectiva.