El ADN de un ejemplar de pangolín guardado en el Museo de Historia Natural de Londres, recolectado en 1836, demostró que el pangolín del Himalaya (Manis aurita) es una especie distinta del pangolín chino. Este hallazgo obligó a utilizar el nombre más antiguo, aurita, en lugar del nombre asignado en 2025, Manis indoburmanica.
Identificar correctamente la especie proporciona una ventaja crítica en la lucha contra el tráfico ilícito. Las escamas incautadas a traficantes pueden analizarse mediante ADN y compararse con esta nueva referencia para determinar qué especie fue cazada y de dónde proviene. Esto permite que las acciones de conservación sean más dirigidas y efectivas.
Los ejemplares históricos en los museos se han convertido en una fuente indispensable para comprender la distribución geográfica de los pangolines, cuya vida silvestre es rara y escondida. Estas colecciones, combinadas con la tecnología moderna, proporcionan una base científica esencial para la protección de las especies.
