En 1987, el empresario y alcalde de Marbella Jesús Gil, recién llegado a la presidencia del Atlético de Madrid, mantuvo conversaciones con Bernie Ecclestone durante el Gran Premio de Alemania para comprar el equipo Brabham por 18-25 millones de euros (aproximadamente 3.000 millones de pesetas) y pidió que el coste fuera asumido por el Gobierno de España. El ejecutivo de Felipe González rechazó la solicitud; las declaraciones de Gil a L'Equipe asegurando que traería a Senna y el motor Honda fueron calificadas de «megalómanas» y «totalmente erróneas» por Alain Prost y el propio Ecclestone, convirtiéndose en motivo de burla en el paddock.