Un propietario de un BMW Mini F56, insatisfecho con la pequeña pantalla y la mala experiencia de usuario del iDrive de fábrica, encargó una unidad aftermarket de infoentretenimiento por unos 700 €.
Aunque el nuevo dispositivo parecía compatible con el bus CAN del vehículo, un conector mal cableado provocó un cortocircuito y, durante una prueba de conducción, la pantalla —mal fijada— se desprendió y se rompió.
Como la pantalla de repuesto llegó sin la programación de fábrica, el entusiasta tuvo que extraer el firmware de la pantalla rota y flashearlo en la nueva; mientras tanto, el vendedor ofreció enviar una unidad completa de sustitución.