Las empresas de inteligencia artificial compran millones de libros de segunda mano para entrenar sus modelos de IA y luego los destruyen. Estas operaciones se eligen porque los libros poseen contenido de calidad y original. Las empresas adquieren estos libros a través de intermediarios para evitar la reacción del público.

La selección de los libros se realiza según los números ISBN y no hay previsión de tema, género o autor. Estas compras han generado un aumento entre los vendedores de libros, y algunos venden cientos de libros semanalmente. Sin embargo, la ética de estas prácticas es polémica, ya que los libros son destruidos de manera que no podrán llegar a las futuras generaciones.

Las empresas de inteligencia artificial, al escanear los libros y convertirlos en conjuntos de datos, prefieren un método que consiste en triturarlos, lo que resulta más eficiente y de bajo costo. Estas acciones amenazan la accesibilidad futura de los libros y generan debates éticos.