El equipo de la Universidad de Chicago envió cinco ratones a la Estación Espacial Internacional (ISS) y mantuvo a cinco ratones en tierra como grupo de control. El ensayo duró aproximadamente 38,5 días y, al final, se observó que las células cardíacas de los ratones no mostraron pérdida de fuerza en el entorno de microgravedad. Como la frecuencia cardíaca de los ratones es de 6 a 10 veces la del corazón humano, se puede obtener una gran cantidad de datos sobre la función cardíaca en poco tiempo.
Los investigadores también detectaron un leve rastro de inflamación en las células cardíacas y subrayaron que este hallazgo debe estudiarse para las misiones espaciales de larga duración. Además, planean tomar muestras de tejido directamente en la ISS para evitar el efecto de la gravedad intensa durante el regreso. Mientras que actualmente la misión más larga de un ser humano en el espacio es de unos 438 días, el viaje de ida y vuelta a Marte podría durar entre dos y tres años, por lo que los efectos prolongados sobre el corazón deben investigarse más.
Actualmente, los astronautas hacen 2,5 horas de ejercicio al día, pero solo 1,5 horas de ese tiempo se consideran actividad física efectiva. Los estudios futuros se centrarán en métodos para reducir la inflamación y en experiencias más prolongadas de microgravedad.
