Los investigadores de la FIU midieron el gasto energético de cuatro relojes inteligentes y rastreadores de actividad populares en 58 voluntarios. En comparación con el análisis de laboratorio, las estimaciones calóricas de los dispositivos resultaron sistemáticamente altas y el error aumentaba a medida que subía el porcentaje de grasa corporal.

El error medio osciló entre 80 y 110 calorías, es decir, entre el 15 % y el 25 %. El Samsung Galaxy Watch 5 y el Garmin Forerunner 955 mostraron la mayor sobreestimación, mientras que el Apple Watch Series 8 presentó una desviación menor; el Fitbit Sense 2, en cambio, registró el peor rendimiento con una estimación inconsistente del 13 %. La medición se realiza mediante fotopletismografía, que detecta cambios en el volumen sanguíneo mediante luz LED.

La diferencia de tono de piel no afectó la precisión de la medición, pero un alto nivel de grasa corporal redujo la fiabilidad de los resultados, sin que quede claro si la causa radica en el sensor o en el algoritmo. Los investigadores subrayan que estos dispositivos siguen siendo útiles como herramienta de motivación, pero no son suficientes por sí solos para un seguimiento calórico riguroso requerido en investigaciones, decisiones clínicas o deportes de alto rendimiento.