Un estudio liderado por Alexa Barad de la Universidad de Stanford encontró que las personas que seguían la misma dieta baja en carbohidratos experimentaban cambios diferentes en sus niveles de colesterol. Mientras que algunos participantes mostraron un aumento significativo en el colesterol LDL, otros casi no presentaron cambios. Los investigadores sugieren que estas diferencias podrían deberse a factores genéticos.

Las dietas bajas en carbohidratos suelen ser ricas en grasas saturadas, que pueden elevar el colesterol LDL. El estudio indica que la predisposición genética influye en la fuerza de la respuesta a estas grasas. Esto coincide con los informes de resultados diferentes en personas que siguen dietas similares.

Los investigadores proponen que los puntajes de riesgo genético podrían guiar las elecciones dietéticas en el futuro. Sin embargo, se necesitan más estudios, y las recomendaciones dietéticas actuales sugieren que las grasas saturadas deben representar menos del 10% de las calorías diarias.