Los fragmentos fósiles extraídos de rocas de 240 millones de años en el estado brasileño de Rio Grande do Sul revelan una nueva especie perteneciente a los arcosauromorfos, ancestros comunes de los dinosaurios y los cocodrilos. Esta especie, denominada Silescelida acristata, era un depredador cuadrúpedo del tamaño de un pequeño cocodrilo. La característica más importante del fósil son los cambios estructurales en los huesos de las patas, que reflejan la evolución temprana de una postura semierguida que permitía un movimiento más eficiente del cuerpo.

El fósil se distingue de especies cercanas por la ausencia de una protuberancia específica en los huesos del fémur, lo que explica el epíteto "acristata" (sin protuberancia). Gran parte del fósil había estado perdido durante más de 20 años, hasta que fue redescubierto en 2022 en la colección de la universidad PUCRS. Su nombre combina las palabras inglesas "silence" (silencio) y "leg" (pierna), en referencia al largo período de ausencia y a la importancia de los huesos de las patas.

Este hallazgo demuestra que los reptiles de la familia Euparkeriidae también habitaban América del Sur, más allá de Europa, Asia y África. Esto sugiere que, durante el Triásico, este grupo tenía una distribución geográfica más amplia y subraya el papel crucial de Brasil en la evolución de la vida previa a los dinosaurios. Este descubrimiento, que muestra el valor de los fósiles parciales para comprender transiciones evolutivas, representa una contribución significativa a la paleontología mundial.