Hayao Miyazaki, en una entrevista concedida a la revista francesa Positif en 2002, explicó que al realizar 'El viaje de Chihiro' (2001) para dos niñas de diez años, evitó el esquema narrativo occidental clásico de la 'guerra entre el bien y el mal'.

Miyazaki subrayó que carece de sentido eliminar a los personajes solo por ser malos, y destacó que las personas a veces dañan a otros por proteger lo suyo o por necesidad.

Este enfoque se nutre de la tradición sintoísta y budista japonesa, que concibe la maldad no como un estado intrínseco sino como un desequilibrio o consecuencia de las circunstancias.