En 1572, la supernova observada por Wolfgang Schulër se presentó como una nueva estrella sin huellas de pie, y fue visible durante 16 meses incluso durante el día.

Este evento constituyó una de las primeras pruebas importantes que cuestionaron la creencia científica de que el cielo era inmutable.

Los registros detallados de Tycho Brahe fueron fundamentales para identificar que la explosión correspondía a un tipo Ia de supernova.