En julio de 2026, los incendios forestales en España y Francia quemaron miles de hectáreas y obligaron a la evacuación de cientos de miles de personas. El incendio en la región de Ávila, España, quemó más de 50.000 hectáreas, rompiendo el récord del mayor incendio del país. En Francia, la región de Gironde enfrentó una crisis similar, donde los incendios quemaron más de 42.000 hectáreas y destruyeron el pueblo de Le Porge.

La razón de que los incendios fueran tan devastadores fueron las condiciones climáticas previas. Las lluvias excesivas en invierno aumentaron el crecimiento de la vegetación, seguido de olas de calor y sequía que secaron las plantas y las prepararon para el fuego. Los vientos que alcanzaron los 65 kilómetros por hora también contribuyeron a la rápida propagación de los incendios. En Francia, la intensidad de los incendios fue tan grande que se registró la formación de una 'nube de fuego' (pyrocumulonimbus) que se elevó a la atmósfera.

Miles de bomberos y personal militar lucharon contra los incendios. Una vez controlados los incendios, se levantaron las órdenes de evacuación, pero el riesgo de incendio sigue siendo alto debido a las condiciones de calor y sequía persistentes.