El nuevo libro del arqueólogo Peter Mitchell muestra que la evolución de los perros es un proceso complejo. Humanos y lobos participaron inicialmente como socios iguales en este proceso, con las comunidades de cazadores-recolectores en el centro. Como resultado, los perros desarrollaron características especializadas según las necesidades y entornos de las sociedades humanas con las que convivían.

A nivel global, la evolución de los perros experimentó transformaciones notables que reflejaron la diversidad de culturas y entornos humanos. En regiones de alta altitud como el Tíbet, perros y humanos desarrollaron adaptaciones genéticas similares. En zonas polares, los perros evolucionaron con estructuras esqueléticas especiales para tirar de cargas pesadas. En regiones tropicales, se volvieron más pequeños e inteligentes para rastrear presas en la densa vegetación.

Las investigaciones genéticas modernas indican que la mayoría de las poblaciones antiguas de perros han desaparecido. Sin embargo, en algunas regiones aún se encuentran vestigios de estas poblaciones antiguas. Esto demuestra lo flexible y adaptable que ha sido el proceso de evolución conjunta entre humanos y perros.