La epidemia de viruela que comenzó en Sydney en 1789 causó la muerte de 220.000 aborígenes australianos. Los investigadores determinaron que esta epidemia llegó con la First Fleet, la primera flota australiana. La epidemia afectó profundamente la estructura demográfica de las comunidades indígenas y debilitó su resistencia a la colonización.

El modelo de propagación de la epidemia muestra que la enfermedad se extendió rápidamente desde Sydney a las regiones costeras del sureste de Australia y a lo largo de los grandes ríos. Los investigadores estiman que la tasa de mortalidad pudo alcanzar el 60% y que entre 40.000 y 220.000 personas perdieron la vida en la región.

Los efectos de la epidemia también dejaron una huella profunda en las estructuras culturales y sociales de las comunidades indígenas. Los investigadores señalan que la epidemia afectó gravemente los sistemas de conocimiento, los idiomas y las culturas de las comunidades indígenas. Sin embargo, a pesar de la epidemia, las comunidades indígenas lograron sobrevivir y transmitir su cultura a las generaciones futuras.