Los ecólogos informan que las perturbaciones ambientales causadas por el ser humano han aumentado la velocidad evolutiva en el siglo XXI, lo que ha llevado a nuevas adaptaciones en plantas y animales. En ciudades y parcelas de tierra abandonadas, se observan cambios rápidos en la estructura genética de las especies, lo que demuestra la capacidad de la naturaleza para responder al caos.

Los datos de Chris Thomas y otros científicos revelan que, a pesar de la disminución de la biodiversidad registrada oficialmente en Gran Bretaña, el número total de especies aumenta cuando se incluyen especies exóticas y oportunistas. Las ratas urbanas han modificado su química salival para adaptarse a la comida de la ciudad, las cucarachas han desarrollado resistencia a los pesticidas y los palomos de Londres han aprendido a usar las líneas del metro.

Estos desarrollos positivos se concentran principalmente en especies generalistas y resistentes, mientras que las especies nativas especializadas siguen amenazadas. Los autores argumentan que las estrategias de conservación deben pasar de un ideal de ecosistemas 'prístinos' y estáticos a un enfoque que acepte y gestione los entornos cambiantes.