En Inglaterra y Gales, 880 mil personas no hablan bien inglés y 161 mil no lo hablan en absoluto. Estas personas necesitan apoyo lingüístico en su vida diaria y para acceder a servicios públicos básicos. En Londres se hablan más de 250 idiomas, y las limitaciones presupuestarias y la falta de suficientes intérpretes dificultan encontrar un intérprete adecuado para servicios urgentes de salud, derecho o servicios sociales.

Los sistemas de traducción apoyados en inteligencia artificial convierten el habla en texto, traducen el texto a otro idioma y luego convierten el texto de nuevo en habla. Sin embargo, estos sistemas no pueden capturar completamente la complejidad de la interacción humana. Por ejemplo, una respuesta dudosa de un paciente a una pregunta del médico puede no ser interpretada correctamente por los sistemas de inteligencia artificial. Los intérpretes humanos pueden entender estos matices y prevenir malentendidos.

Los sistemas de traducción apoyados en inteligencia artificial ofrecen algunas ventajas prácticas, pero es importante considerar la complejidad de la interacción humana y las consecuencias graves que pueden surgir de los malentendidos. El uso de estos sistemas debe determinarse según el nivel de riesgo de la interacción y debe estar bajo supervisión humana.