Durante cuarenta años, los astrónomos han intentado comprender la enorme estructura en forma de bucle que parece extenderse desde el centro de la Vía Láctea, conocida como la Burbuja del Centro Galáctico (GML). Esta estructura ha sido asociada con múltiples explicaciones, desde restos de supernovas hasta una antigua explosión en el núcleo galáctico.

Sin embargo, un equipo de investigación liderado por la astrofísica Kathryn Kreckel de la Universidad de Heidelberg descubrió que la GML no está en el centro galáctico ni es un bucle abierto. En cambio, es un bucle cerrado ubicado a aproximadamente 6.520 años luz de la Tierra, mucho más cerca de lo que se creía.

Los investigadores lograron este descubrimiento utilizando datos del proyecto SDSS-V Local Volume Mapping. Al examinar específicamente la emisión de azufre ionizado, pudieron ver la parte inferior de la estructura, gracias a las longitudes de onda largas que atraviesan el polvo. Esto permitió determinar que se trata de un bucle cerrado y calcular su distancia mediante comparación con mapas de polvo.

Esta enorme estructura es una nube de gas de hidrógeno que brilla bajo intensa radiación ultravioleta. Los científicos creen que este globo se formó por el mismo proceso que otras estructuras similares, como la Burbuja de Barnard: la actividad de estrellas masivas y explosiones de supernovas en una región de formación estelar.

Con un ancho de aproximadamente 115 años luz, esta estructura es más pequeña que la famosa Burbuja de Barnard en Orión, pero su escala similar indica que ambas se formaron mediante procesos de formación estelar del mismo tipo. Este hallazgo también revela cuán efectivamente la Vía Láctea puede ocultar sus propias características.