Una nueva investigación revela que la inteligencia artificial puede desarrollar sesgos mayores que los humanos en los procesos de contratación. Más allá de aprender de los datos de entrenamiento, los sistemas de IA pueden generar sus propios sesgos a partir de sus experiencias, sometiendo a los candidatos con mayor frecuencia a estereotipos. Esta situación se agrava con el aumento de modelos de agentes que observan a los usuarios y recuerdan detalles mínimos.

Al mismo tiempo, el auge de los mercados de predicción basados en pronósticos meteorológicos aumenta el riesgo de manipulación intencional de los datos climáticos. Sectores críticos como la aviación, la agricultura y la energía quedan vulnerables ante este tipo de fraudes. Expertos advierten que estos ataques podrían generar problemas sistémicos con el tiempo.

El punto en común de ambos desarrollos es que la inteligencia artificial ya no es solo una herramienta de procesamiento de datos, sino un actor que afecta directamente el mundo social y físico. Datos confiables y algoritmos justos constituyen la base de la infraestructura tecnológica del futuro.