La Unión Europea ha puesto en vigor una nueva normativa de residuos de envases que obliga a los proveedores a gestionar los residuos de embalaje; esto es aplicable a las microempresas que venden productos en todo el bloque.
Como la responsabilidad de aplicar la normativa recae en los Estados miembros, los vendedores deben incorporarse a un sistema distinto en cada país; mientras que para las grandes empresas representa un costo insignificante, para una persona única o un pequeño taller constituye una carga casi insoportable. Además, al combinarse con la incertidumbre de aranceles y aduanas existente en las exportaciones a los ABD, esta carga adicional deja a muchos emprendedores en una situación difícil.
Las fuentes indican que muchos pequeños productores continúan empleando la misma táctica de cumplir con las normativas de etiquetado y residuos electrónicos existentes para evadir inspecciones, y que el riesgo de una posible auditoría futura sigue siendo incierto.
