En Canadá y Estados Unidos, las fuerzas policiales utilizan cada vez más la inteligencia artificial en áreas como la generación de pruebas, el reconocimiento facial y la redacción de informes.
Este uso avanza en gran medida sin regulación y, según los expertos, pone en peligro la legitimidad de la policía.
El público no puede estar seguro de que las pruebas utilizadas por la policía no hayan sido alteradas por la inteligencia artificial; esto también pone en riesgo la integridad del sistema de justicia.
