La alimentación de conejos por parte de los turistas en la Isla de Okunoshima está provocando cambios inesperados en el ecosistema. Una nueva investigación muestra que esta alimentación ha llevado a la población de conejos más allá de sus límites naturales y ha causado interacciones anormales con otras especies animales. Los investigadores señalan que los conejos viven en números superiores a los que el entorno natural puede soportar, lo que ha provocado cambios en la vegetación.

La alimentación muestra que la población de conejos aumentó dramáticamente antes de la pandemia de COVID-19, pero disminuyó cuando el turismo disminuyó. Esto indica que los conejos dependen de la alimentación proporcionada por los humanos. Los investigadores observaron que, con la alimentación de los conejos, los desechos de comida y los cadáveres de conejos provocaron cambios en el comportamiento de los animales salvajes.

Los investigadores recomiendan que las prácticas de alimentación se gestionen con cuidado y que se establezca un marco de gestión a largo plazo. Este marco incluiría la regulación de las prácticas de alimentación, el monitoreo de la población de conejos y el análisis de los efectos sobre otras especies de animales salvajes.