Peter J. Denning argumenta que la inteligencia artificial no puede imitar completamente la inteligencia humana. La razón fundamental radica en los conocimientos tácitos que posee la mente humana y que no pueden expresarse con palabras. Estos conocimientos incluyen lógica común, percepción emocional, habilidades prácticas y antecedentes culturales. Por ejemplo, un florista sabe intuitivamente cuándo vender una rosa, pero no puede codificar toda la experiencia que sustenta esa decisión.

Denning define este problema como el "problema de la representación". Las computadoras solo pueden trabajar con datos numéricos, pero el conocimiento tácito es corporal y contextual, por lo que no puede convertirse en un formato digital. Los grandes modelos de lenguaje (LLM) solo manipulan palabras, sin comprender su significado. Por lo tanto, sistemas como ChatGPT o Gemini no piensan como los humanos; simplemente generan respuestas basadas en probabilidades.

El mayor peligro no es que la inteligencia artificial no alcance la inteligencia humana, sino los comportamientos impredecibles generados por redes automáticas que operan con sus propios conocimientos tácitos. Estos sistemas pueden actuar según reglas que son incomprensibles para los humanos y que no pueden gestionarse de forma segura. Denning enfatiza que, en este escenario, la humanidad debe reafirmar sus propios valores y conciencia.