Los antivacunas, al no estar limitados por la obligación de apegarse a los hechos científicos, utilizan estrategias de narración más efectivas que los defensores de las vacunas. Estos grupos pueden hacer afirmaciones más dinámicas sobre el desarrollo y el impacto de las vacunas. Los mensajes basados en hechos científicos resultan insuficientes para contrarrestar la influencia de las historias de los antivacunas.