En el pueblo alto de los Andes de Colombia, Páramo El Almorzadero, la pastora Doris Torres, en su infancia consideraba a los cóndores como enemigos; los aldeanos vinculaban las pérdidas de animales a los cóndores y los envenenaban o los disparaban. Esta presión llevó a la población de la especie a un nivel crítico. Después de aprender el papel del cóndor en el ecosistema, Torres cambió de actitud y, junto con los aldeanos, se convirtió en el centro del esfuerzo de conservación. Hoy los cóndores vuelan nuevamente sobre estas montañas y el pueblo se ha transformado en un refugio seguro para la especie.
El grupo que trabaja con Fernando Castro, del Parque Jaime Duque Vakfı, convirtió el antiguo conflicto en un modelo de cooperación. En Colombia, el cóndor de los Andes está en grave peligro y se estima que en el país quedan solo entre 150 y 250 individuos. Se desmintió la causa del conflicto explicando a los aldeanos que el cóndor no tiene garras fuertes y, por lo tanto, no puede atacar animales vivos. Además, se implementaron mejoras en la gestión ganadera, como el reforzamiento de los corrales y el cercado de los pastizales.
El equipo de Castro en Bogotá cría crías utilizando incubación artificial y marionetas de mano con forma de cóndor para evitar que se acostumbren a los humanos. El objetivo es liberar al menos tres cóndores jóvenes a la naturaleza antes de finales de 2027. En el programa, Rafiki, nacido en 2024, y los dos jóvenes cóndores Wayra y Ámbar están actualmente en preparación para la liberación. En el último año, el pueblo atrajo aproximadamente mil doscientos turistas.
