Seok‑Woo Kwon y su equipo, al analizar dos cohortes estadounidenses, encontraron que las amistades establecidas en la secundaria están relacionadas con carreras emprendedoras a largo plazo. En particular, que una persona conocida durante la adolescencia haya fundado posteriormente una empresa registrada eleva la probabilidad de que el individuo inicie su propia empresa.

Este efecto se aplica solo a los amigos que fundan empresas oficiales y registradas; los vínculos con trabajadores autónomos o emprendedores unipersonales no poseen poder predictivo. El estudio se realizó tanto con una muestra nacional de mediados de la década de 1990 como con el grupo de Wisconsin de 1957‑65, y demostró que la forma en que los amigos crean empresas también influye en los ingresos que el individuo obtiene en la mediana edad.

La investigación no puede determinar si el factor es el impacto social o la convergencia de tendencias de asunción de riesgos similares; el hecho de que tanto amistades continuas como rotas produzcan resultados semejantes aumenta la incertidumbre. La conclusión señala la necesidad de que los responsables de políticas y las escuelas inicien el apoyo al emprendimiento a edades tempranas, por ejemplo mediante talleres escolares y pequeñas comunidades de emprendedores.