El ecosistema de ransomware se ha vuelto más fragmentado y disperso en comparación con años anteriores. Mientras surgen nuevos grupos atacantes, las estructuras antiguas mantienen su actividad. Esta situación ha llevado a una mayor diversificación de los ataques y a una ampliación de los objetivos.

Los ataques ahora se centran más en pequeñas y medianas empresas con menos protección, en lugar de en grandes instituciones. Estos objetivos son más fáciles de comprometer debido a su infraestructura de seguridad insuficiente. Este tipo de ataques aprovecha debilidades organizacionales, no avances tecnológicos.

Las afirmaciones de que la inteligencia artificial contribuye directamente a este aumento no han sido confirmadas por investigadores. En cambio, los cambios estratégicos de los atacantes y su selección de objetivos se consideran las causas fundamentales del fenómeno.