Durante las primeras semanas de julio de 2026, la actividad de incendios en Canadá aumentó, comenzando especialmente en Ontario y Minnesota. Los vientos transportaron el humo hacia el sureste, deteriorando gravemente la calidad del aire en ciudades como Detroit, Toronto, Chicago, Nueva York y Washington D.C. En algunas zonas, la calidad del aire permaneció en niveles peligrosos durante varios días.
El movimiento del humo fue rastreado por el modelo GEOS de la NASA. Este modelo utilizó datos satelitales y terrestres para simular detalladamente la dispersión de partículas emitidas por los incendios, como el carbono negro. Estos datos fueron analizados con un algoritmo actualizado en febrero de 2026 que permite distinguir entre el carbono proveniente de fuentes humanas y de la quema de biomasa.
En la última semana de julio, tormentas de lluvia en las regiones orientales comenzaron a limpiar el humo, pero los incendios en la costa del Pacífico generaron una nueva ola de contaminación. Los datos utilizados provienen de fuentes oficiales como NASA Earth Observatory y la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos.
