Investigadores australianos reforzaron el ciclo de hambre-saciación en tres leones machos adultos del Monarto Safari Park al proporcionarles un cadáver completo cada nueve días. A través de una vigilancia videográfica prolongada, observaron que el tiempo de alimentación de los leones aumentó aproximadamente tres veces más que lo normal. Después de alimentarse, los leones descansaron durante más tiempo, mostrando un ritmo similar al ciclo de fiesta-hambre de los leones salvajes.

Durante la alimentación, los leones exhibieron una amplia gama de comportamientos, como descomponer, arrastrar y manipular la carne; estas acciones son partes importantes de la ecología alimentaria natural asociada con la caza en entornos salvajes. Durante los períodos de hambre, la cantidad de movimiento aumentó lentamente, pero el incremento no fue constante; en su lugar, movimientos repetitivos como caminar o girar coincidieron con los tiempos predecibles de las rutinas de alimentación. Este resultado sugiere que estos comportamientos están vinculados a la rutina predecible más que al hambre.

El estudio se limitó a tres leones machos y no mostró un aumento en la agresión social o el desequilibrio grupal, lo que indica que los beneficios observados pueden ser individuales. Según los autores, integrar los datos de comportamiento con mediciones fisiológicas es necesario para evaluar mejor el impacto de diferentes regímenes de alimentación en el bienestar animal.