El Centro de Investigación Langley de la NASA desempeñó un papel crítico al ser designado como líder del proyecto Viking en 1968, con el objetivo de lograr el primer aterrizaje exitoso en Marte. Los ingenieros desarrollaron sistemas como escudos térmicos y paracaídas supersónicos para desacelerar una nave espacial que entraba en la tenue atmósfera marciana a 10.000 millas por hora. Estas soluciones no se basaron solo en cálculos teóricos, sino en años de pruebas en túneles de viento y análisis detallados.
Langley también creó un método que combinaba imágenes orbitales y datos de radar terrestre para determinar los sitios de aterrizaje. Este enfoque logró un equilibrio entre valor científico y seguridad de ingeniería, y sigue siendo utilizado hoy en día. Además, el equipo estableció la práctica de ajustar los horarios de trabajo según el día marciano (sol), una convención que aún se aplica en las misiones de superficie.
El proyecto Viking surgió a partir de la idea más costosa y arriesgada de Voyager, que había sido cancelada. Langley propuso una estructura más segura en la que cada vehículo de aterrizaje tenía su propia nave orbital, lanzada por cohetes Titan IIIE-Centaur. Este diseño mantuvo los objetivos científicos mientras aumentaba la viabilidad, convirtiéndose en una guía para misiones posteriores como Curiosity y Perseverance.
