Se descubrió que, en la difusión de desinformación en redes sociales, el papel de los usuarios que reciben y comparten información es más significativo que el de quienes la generan. Este hallazgo se presentó en un estudio publicado en la Revista Internacional de Redes Institucionales. Los investigadores desarrollaron un modelo que relaciona la percepción de confianza y los sistemas de creencias de los usuarios con la tendencia a compartir desinformación, utilizando métodos de aprendizaje automático para analizar comportamientos de usuarios.

El modelo identificó patrones específicos en los usuarios que comparten repetidamente desinformación. Estos patrones muestran cómo reaccionan ante la información, qué tipos de contenidos se comparten con mayor frecuencia y en qué circunstancias no se verifica la veracidad. El estudio busca superar las limitaciones de investigaciones anteriores que se centraban únicamente en el origen de la desinformación y su estructura de red.

Los hallazgos adquieren especial relevancia en situaciones de emergencia, como desastres naturales, cuando las redes sociales se convierten en la principal fuente de información. Los investigadores señalan que este modelo puede utilizarse para mejorar las políticas de las plataformas de redes sociales, los programas de alfabetización mediática y los sistemas de verificación de hechos.