En el remoto lago Malawi de África Oriental, las larvas de Chaoborus edulis se sumergen a más de 200 metros de profundidad durante el día para escapar de la falta de oxígeno y los peces depredadores. Esta migración diaria fue observada por los investigadores de la UBC, Philip Matthews y Evan McKenzie, mediante un sistema de sonar instalado en el fondo del lago.
Los estudios revelaron que el sistema respiratorio de las larvas incluye dos pares de pequeñas bolsas de aire que funcionan como tanques de lastre, permitiendo el control de la flotabilidad. Las paredes de estas bolsas contienen resilina, una proteína elástica que se expande y contrae con los cambios de pH. En cámaras de presión de laboratorio, las bolsas resistieron presiones equivalentes a más de 400 metros de profundidad.
Este hallazgo cuestiona la teoría de larga data de que la presión del agua profunda impide la existencia de insectos en el océano al colapsar sus órganos respiratorios llenos de aire. Los investigadores sugieren que este mecanismo podría inspirar el desarrollo de materiales inteligentes activados por pH y músculos artificiales.
