Científicos observaron por primera vez eritrosulosa, un azúcar de cuatro carbonos, en la nube molecular G+0.693−0.027 en el centro de la Vía Láctea. Esta molécula se encuentra naturalmente en algunas frutas, como las fresas, y se utiliza en productos de protección solar. El descubrimiento se realizó mediante investigaciones espectroscópicas precisas con los telescopios de radio Yebes e IRAM, y 12 líneas espectrales coincidieron con datos de laboratorio.

Los investigadores descubrieron que la eritrosulosa está presente ocho veces más que los azúcares de tres carbonos. Esto desafía la suposición ampliamente aceptada en astroquímica de que las moléculas crecen mediante la adición secuencial de átomos de carbono. Los experimentos demostraron que este azúcar puede formarse en hielos interestelares compuestos por alcoholes y aldehídos de dos carbonos.

La presencia de eritrosulosa sugiere que durante el Gran Bombardeo Tardío, millones de toneladas de azúcares podrían haber llegado a la Tierra. Este hallazgo indica que los componentes fundamentales de la vida podrían formarse no solo en la Tierra, sino también en las profundidades del universo.