Las rocas volcánicas de 3,1 mil millones de años en la región de Pilbara, Australia, ofrecen una pista crítica para comprender cómo el agua de la superficie pudo ingresar al interior de la Tierra. Los rastros químicos en estas rocas indican que el agua llegó al manto y afectó la formación del magma. Este proceso pudo haber ocurrido mediante un mecanismo distinto al de la subducción de placas moderna.
Los investigadores mencionan un proceso llamado "dripduction" como responsable del transporte del agua. Fragmentos de corteza fríos y ricos en agua se hundían lentamente hacia el manto debido a un aumento en su densidad, llevando el agua a profundidades mayores. Este mecanismo no se asemeja a la tectónica de placas actual, pero permitía el intercambio de materia entre la superficie y las capas internas.
Este descubrimiento demuestra que la conexión entre la superficie y la estructura interna de la Tierra comenzó más temprano de lo que se pensaba. Las rocas de Pilbara son uno de los pocos ejemplos que conservan huellas de estos procesos. El ciclo del agua ya estaba influyendo en la formación de magmas, la actividad volcánica y el desarrollo de los continentes.
