SpaceX lanzó el cohete Starship desde su centro de lanzamiento en Texas, colocando en órbita 20 nuevos satélites Starlink de última generación. La primera etapa del cohete cayó sin control en el Golfo de México debido a que no se logró suficiente combustión de los motores durante el regreso. Sin embargo, la nave espacial completó con éxito la liberación de los satélites a una altitud de 200 kilómetros, reingresó a la atmósfera terrestre y aterrizó suavemente en el Océano Índico.

El escudo térmico de la nave espacial mostró un rendimiento superior en comparación con vuelos anteriores. Las placas del escudo térmico, pintadas de negro y blanco, fueron diseñadas para someterse a pruebas de temperaturas y presiones extremas. Seis nuevos satélites capturaron imágenes del escudo térmico durante la reentrada y transmitieron datos del momento del aterrizaje en el mar. Todos los datos de los satélites fueron recopilados y se estableció comunicación con ellos.

SpaceX considera este vuelo un paso importante hacia la completa reutilizabilidad de Starship. La NASA evaluó positivamente este éxito como un avance en las pruebas necesarias para las misiones lunares. En la próxima fase, se planea recuperar la parte de la nave espacial y devolverla al sitio de lanzamiento.