SpaceX logró aterrizar intacto a Starship en el Océano Índico durante su 13ª prueba de vuelo. Esto permitió observar directamente cómo el escudo térmico, compuesto por más de 18.000 placas cerámicas, soportó temperaturas de hasta 1.430°C, en lugar de los incendios que se produjeron en vuelos anteriores. Las inspecciones posteriores al vuelo realizadas con un dron demostraron que el escudo se conservó en gran medida.

Este éxito llevó a SpaceX a decidir intentar capturar a Starship en la torre en su próximo vuelo. El plan actual es enviar la nave a una órbita de largo alcance, hacer que se ralentice y luego regrese, para ser capturada por los brazos mecánicos de la torre de lanzamiento. Este método ya se había aplicado con éxito en el booster Super Heavy.

Durante el vuelo, Starship también transportó 20 nuevos satélites Starlink V3 al espacio. Estos modelos de satélites ofrecen una velocidad de datos y una potencia más altas. El satélite regresó a la atmósfera después de un corto período de tiempo y se recopilaron datos de telemetría antes de que cayera a tierra. Estos datos son de vital importancia para las misiones orbitales futuras y el programa Artemis de la NASA.