El 26 de agosto de 2026, una masa de hielo y roca que se desprendió de la ladera norte de Langtang Lirung en Nepal cayó 1.200 metros hasta el valle, generando un evento sísmico de magnitud 5,2. El desprendimiento bloqueó temporalmente el valle y acumuló agua; al romperse el bloqueo envió una ola de inundación destructiva, causando cientos de muertos y desaparecidos y dejando fuera de servicio decenas de centrales hidroeléctricas.
La catástrofe no terminó con la primera ola de inundación; en el Tíbet, en la confluencia de dos ríos, se formó un lago de barrera de varios millones de metros cúbicos detrás de los depósitos, y el 28 de agosto se desbordó elevando nuevamente el nivel de la crecida. Los científicos advierten que estos lagos pueden formarse en minutos y colapsar con poca advertencia, creando un peligro que la monitorización tradicional no logra detectar.
El deshielo acelerado por el calentamiento global y la degradación del permafrost están aumentando la frecuencia de desastres similares en el Himalaya y el Hindu Kush; los eventos de 2021 en Uttarakhand, 2023 en Sikkim y 2025 en los Alpes suizos confirman esta tendencia. La población asentada en los valles y las crecientes inversiones en centrales hidroeléctricas elevan el riesgo; la inundación también destruyó el paso fronterizo chino de Gyirong Port.
