Los espejos extremadamente lisos del observatorio LIGO reflejan casi toda la luz láser, pero absorben una pequeña parte, calentándose y causando deformaciones en su superficie a nivel de nanómetros. Estas distorsiones reducen la sensibilidad de los sistemas de medición sensibles que detectan ondas espaciales. Los científicos sabían que podían contrarrestar este efecto aplicando calor dirigido a la parte posterior de los espejos, pero medir las deformaciones con la precisión necesaria había sido un obstáculo durante años.
Un equipo liderado por Jonathan Richardson de la Universidad de California en Riverside utilizó imágenes de cámaras termales comerciales combinadas con modelos informáticos para mapear la distribución de calor en la superficie de los espejos. Este método es similar a un enfoque de ingeniería que infiere la distribución de temperatura interna de un motor a partir de su superficie exterior. De esta manera, las distorsiones térmicas de los espejos pueden corregirse de manera mucho más precisa.
Esta solución se aplicará en la próxima actualización de LIGO y aumentará la distancia de detección del observatorio en 33 millones de años luz. La misma técnica se integrará en el diseño básico de los observatorios de próxima generación, como el Cosmic Explorer, que se construirá en la década de 2030 y tendrá 40 km de largo.
