Las redes eléctricas se basan actualmente en la tecnología de conversión tradicional que utiliza bobinas de alambre de cobre enrollado a mano y núcleos de acero para crear campos magnéticos, con el fin de ajustar los niveles de tensión de corriente alterna (CA) y así aumentar o disminuir la tensión adecuada para el consumo eléctrico en hogares y lugares de trabajo, ya sea para transmisión a larga distancia o para uso local. Los dispositivos de conversión de energía de mayor tamaño no se fabrican en serie, sino que se producen de forma personalizada para cada compañía eléctrica.

Las limitaciones de producción y los esfuerzos de EE. UU. por modernizar la infraestructura energética hacen que las compañías eléctricas y otros clientes tengan que esperar varios años para la entrega de nuevos dispositivos de conversión de energía. Esto no solo representa un problema para ampliar la infraestructura de la red eléctrica y satisfacer la creciente demanda de electricidad, sino que también retrasa la sustitución de los dispositivos de conversión de energía antiguos.

Los dispositivos de conversión de estado sólido emplean conmutación semiconductor de alta frecuencia para las conversiones de tensión y se fabrican en serie utilizando materiales semiconductores como silicon karbür. Estos dispositivos son más pequeños y ligeros que los de conversión tradicionales, cuentan con diseños modulares que facilitan la actualización o el reemplazo de componentes, y funcionan como dispositivos electrónicos de energía integrados capaces de realizar múltiples funciones como직