Los cañones electromagnéticos de riel se percibían como el futuro de la guerra naval a principios de los años 2000 y 2010. Estas armas, a diferencia de las convencionales, utilizarían poderosas descargas eléctricas para lanzar proyectiles metálicos.

Sin embargo, el programa de desarrollo se canceló por los desafíos de ingeniería y el cambio de prioridades militares. Los cañones de riel tenían el potencial de destruir buques, misiles o objetivos terrestres con munición de bajo costo y suficiente energía cinética.

No obstante, problemas como el desgaste del cañón, la gestión de la energía y el calor llevaron a la cancelación del programa.